Desaprender para aprender de nuevo

Sabía que la maternidad iba a ser retadora, sabía que implicaría muchos cambios y que pondría al límite muchas cosas, hábitos y conductas que uno lleva interiorizando a lo largo de su vida. Sabía que podía sacar incluso muchas sombras a la luz, pero por nada del mundo quería dejar de transitarla. Lo que no sabía es que iba a ser mi más grande maestra, que me iba a llevar y motivar a estudiar más, aprender más, leer más y buscar nuevas opciones para tratar de sacar lo mejor de mí. Nunca me imaginé que el mayor reto no iba a ser con mi chiquito sino conmigo, que iba a tener que mirar adentro, escucharme, conocerme y aprender a validarme y tenerme compasión para poder comenzar a escuchar, conocer y validar a ese ser tan chiquitico que llegaba para quedarse y enseñarme día a día cómo iba a fluir esta danza.

Sin duda es un camino que no todas tomamos y que para cada quien es único, mi maternidad ha tenido momentos muy difíciles, comenzando porque la conocí de la mano del duelo y ahí comenzó mi camino a conocerme realmente, fue Juanpi (mi primer bebé que perdí a las 33 semanas de embarazo) quien me convirtió en mamá y me enseñó que tenía que conocer mis luces y mis sombras para continuar. Esa primera maternidad me demostró que quería hacer las cosas de una manera más amable para los hijos que vendrían y para conmigo misma. Fue esa primera maternidad la que me enseñó a ver hacia adentro y tenerme compasión, a escucharme, a quererme y encontrarme con una cajita de herramientas emocional que no sabía que tenía. Creo que cuando conoces ese lado tan oscuro de una maternidad con brazos vacío comienzas a poner en duda muchas de las cosas y principios de la maternidad que tienes como válidos y que crees que son los únicos o la forma correcta de hacer las cosas.

Mi segundo hijo fue quien le puso alegría a mi maternidad, pero también vino a enseñarme que  para los retos diarios no hay libro, curso, taller, amigo, coach o terapeuta que puedan darte una varita mágica (uff pero como la quisiéramos las mamás), que esos retos hay que transitarlos, enfrentarlos y aprender a manejarlos como familia y con el niño que tienes. Cada niño tiene una forma especial de enfrentar las cosas y es cada uno de ellos el que realmente puede darte luces del camino a seguir, pero tienes que observar muy bien, escuchar muy bien y entender que no hay fórmulas mágicas sino un largo camino de aprendizajes. Aquí reafirmé que no quería hacer lo mismo, lo que siempre hemos hecho, descubrí que quería seguir un camino de respeto, de amor, un camino consciente que me permitiera conectar conmigo y con él, y leí, estudié y pensé que era fácil… pero una vez la maternidad me enseñó que no, que el reto ahora estaba en desaprender aquello que siempre ví (y viví) y que como generación conocíamos como única opción válida con resultados, porque nuestros padres no tenían más información ni acceso a otras formas de criar. Pero que duro es desaprender, que difícil es frenar la respuesta automática, controlar el cerebro reptiliano (ese en el que actuamos sin pensar) y poner orden y control racional en medio de los retos diarios de ser mamá de un niño de 2!

Y aquí estoy parada hoy, leyendo y estudiando para aprender nuevas opciones, alternativas y estrategias que se adapten a mi realidad, a las necesidades de mi hijo, de mi familia y del estilo de crianza que decidimos llevar. No es un camino perfecto, está lleno de baches, de dificultades, de retorcesos, de momentos de caos, pero cada ve más vamos logrando momentos de calma, de respeto para todos, de armonía pero sobre todo de satisfacción de ir dando pequeñísimos pasos pero en la dirección que decidimos dar. 

Me acompaño y rodeo de familias que han decidido un camino parecido, de gente que me apoye, amigas y familia profesionales en el area que me escuchan cuando colapso y llamo en medio de una crisis, pero sobre todo he buscado espacios para mí, para llenarme de calma, he construido rutinas saludables para mi mente y mi cuerpo, hábitos que me ayudan a encontrar paz en medio del corre corre diario, momentos que no negocio y aunque pueda parecer egotista siempre me recuerdo esto: “Mamá feliz = familia feliz” así que ahora medito, me regalo tardes de trabajo en un café espectacular, noches de vino y cuentos con amigas, idas al cine, etc.

Yo decidí tomar un camino que no es fácil pero que resuena conmigo y aquí voy desaprendiendo para aprender y compartiendo con ustedes porque este espacio es sin duda parte importante de mi terapia personal.

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