Cuando la crianza te da luces


Esto de educar conscientemente y de forma respetuosa es agotador, no sólo por la constante negociación y cambio de estrategias, sino porque los resultados no los ves de inmediato y no sé si lo estoy haciendo bien o realmente mal, pero hoy después de una buena rabieta vi luces de que pareciera que vamos encaminándonos a tener (en algún momento) un niño capaz de nombrar y aceptar sus emociones.


En estos días al salir de hacer diligencias llegamos al carro y como cada vez que tenemos que subirnos a la silla, Juandi empezó a decir “yo solo, yo solo” porque sí... las mamás queremos niños independientes y que hagan todo solos, pero cuando llega ese día y no tenemos tiempo de que hagan las cosas a su ritmo, nos damos cuenta de que no hay porqué apurarlos a que hagan las cosas por sus propios medios... en fin, me dispuse a darle tiempo, pero sucede que los tickets de estacionamiento tienen unos 15 min de margen para salir de ahí luego de que pagas, sucede que estás cansada porque son las 8 de la noche y tienes que llegar a hacer cena y sucede que tu hijo de 2 años decide que es un buen momento para jugar dentro del carro y negarse rotundamente a subirse a la silla (y reírse de tu cara de agotamiento mientras das la vuelta a todas las estrategias que tienes a la mano), y justo en ese momento en el que le das 3 oportunidades, cuentan juntos hasta el 10 antes de que sea el turno de mamá intervenir y nada sucede te toca irremediablemente subir al niño a la silla sabiendo lo que te espera... acabas de desafiar a un niño de dos que automáticamente comienza a gritar y llorar sin parar... sí a TODAS nos pasa, lloran y patalean porque son niños de dos y punto.


Así que comienzo a manejar mientras respiro profundo y me preparo para un trayecto con una banda sonora de llantos y gritos y trato de hablarle sin forzar mucho la cosa porque sé que tiene que calmarse y es ahí en donde veo luz! De pronto y como por arte de magia veo que empieza a respirar, trata de calmarse y me dice “me quiero bajar mami” y le digo que no podemos que estamos andando, y me vuelve a decir calmadamente “mami me quiero bajar del carro” le vuelvo a decir que entiendo que se quiere bajar para montarse solo, pero que ahora no podemos y me dice “es mi turno mami, yo solo” y veo que es mi momento de explicar lo que pasó y por qué yo decidí acabar con su autonomía e independencia haciendo énfasis en que sé que es experto montándose sin ayuda, pero que justo hoy no teníamos tiempo y que le había dado muchas oportunidades y ahí es cuando me dice “y Juandi se puso muy triste y lloró” y yo me mordí el labio llena de orgullo de verlo reconocer lo que sucedía y todavía pregunté “¿te pusiste triste o bravo?” Y me dice: “no, tristísimo, es el turno de Juandi”. Lo escribo y me río mientras siento orgullo de a donde ha llegado mi chiquito, Juandi es un niño que habla más de lo que le corresponde y que me sorprende con los análisis que hace de situaciones, pero emocionalmente sigue siendo un niño de dos años que no tiene capacidad de regularse, de controlarse ni de saber qué hacer cuando se desborda, pero poder ver cómo logró calmarse, regularse, identificar emociones, hacérmelo saber y además tratar de buscar y negociar una solución (volver a subirse solo) me dice que voy siguiendo el camino que decidí seguir en la formación de mi hijo.


Yo quiero un hijo que sea independiente, que se sienta tomado en cuenta, que sepa que puede expresar sus emociones, nombrarlas y sentirlas, que sepa autoregularse, que entienda que puede negociar porque forma parte de una familia en la que hay decisiones (adaptadas a su edad) que él puede negociar, tomar u opinar.


Entendí que el camino que decidimos seguir es difícil y largo pero que si sigo regando esta plantita tendré frutos. Vi a Juandi continuar como si nada, sin que hubiesen gritos de mi parte, drama o que nos quedáramos pegados en una situación que escapaba de las manos de los dos.


Ser mamá de un niño de dos es difícil, es negociar, es sentir, es calmar, es dar contención, ser consuelo, guiar, ayudar, conversar, ser árbitro y amar desmedidamente a esos chiquitos curiosos que comienzan a aprender que tienen independencia y pueden llegar a donde se lo propongan.


Es difícil, muy difícil y aprendemos en el camino, sigo teniendo retos grandes sobre todo en el manejo de las emociones (frustración y rabia) de Juandi, siguen existiendo golpes, mordiscos, empujones y muchas situaciones en las que simplemente se desborda y no puede controlarse como yo quisiera pero aquí vamos poco a poco y celebrando cada pequeño logro que tenemos.

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