Cada hijo es un maestro

Hace algunos años atrás cuando Juandi rondaba los 2 años yo estaba adentrándome en el mundo de la disciplina positiva y la crianza consciente de forma desesperada para tratar de acompañarlo mejor en cada una de sus etapas, y es que Juandi siempre ha tenido un carácter fuerte, curioso, retador, es sin duda un gran maestro que vino a enseñarme mucho y mostrarme mis sombras, debilidades y que, aún cuando tenía conocimientos de educación, no estaba preparada para ser mamá, pero ¿quién realmente lo está? Nos metemos en esto seguro de que sabemos a lo que vamos y con la dudosa creencia de que lo tendremos todo bajo control, pero si hay algo claro en la maternidad es que no tenemos el control sobre casi nada.

Acompañar las rabietas de Juandi era duro, mantener mi “jarra llena” era complicado y tratar de hacerlo de forma respetuosa a veces era bastante cuesta arriba, todavía hay situaciones en las que lo es, y yo decidí prepararme y buscar cuantas herramientas existieran para sentirme más tranquila y que todo fluyera mejor, y sin duda ha ayudado bastante, pero seguimos aprendiendo todos en el camino, porque como todo en la vida la maternidad es cambiante, evoluciona y cuando y ya tenemos una etapa controlada entramos en una completamente nueva con retos diferentes.

Pero no me arrepiento, iniciar este camino me ha permitido acompañar a otras familias en el suyo y aprender aún más de esos procesos, me ha regalado la oportunidad de observarme y hacer un trabajo interno profundo de reconocer y romper patrones y aprender que el autocontrol es posible y sobretodo, que yo como adulto puedo lograrlo sin embargo él todavía no, y este camino sigue dándome aprendizajes y luces para aprender y caminar junto a mi maestro, Juan Diego.



En el camino llegó Marcela y yo, como muchos padres, sentía que pues naciendo en la misma familia era algo parecido lo que podía esperar, y la vida vuelve a enseñarme que nada es como esperamos, Marce es mucho más calmada, introspectiva, observadora, como la llamo yo, mi remanso de paz, pasé de mi torbellino de energía, actividad, preguntas y curiosidad, a una niña tranquila (con carácter cuando lo necesita) que sabe acompañarnos y enseñarnos otras cosas que aún tenemos por trabajar. Los segundos viven desde otra perspectiva, conocemos los retos propios de cada etapa, sabemos que todo pasa y podemos sentarnos a disfrutar del camino, pero cuando además pasas de una personalidad tan demandante a otra tan independiente te sientes nadando en aguas desconocidas, de repente me veo envuelta en seguir acompañando a Juandi en sus retos y viendo a Marce transitar etapas solita sin siquiera requerir ayuda y me doy cuenta del regalo que es ser mamá de dos, darme cuenta de que nacemos únicos e irrepetibles, que las personalidades las traemos desde el día uno y poder descubrir las diferencias bondades y dificultades de cada una es un regalo.

Cada uno es un maestro para mi en diferentes aspectos, Marce me obliga a ver hacia adentro y trabajar mi autocontrol, observar mis emociones, mantener la calma y vivir el presente, Juandi me mantiene activa, me reta y me saca de mis zonas de confort, me cuestiona hasta la Fe y no se conforma con cualquier respuesta, me obliga a seguir aprendiendo como si supiera que me apasiona, y me señala cosas que ni yo me doy cuenta, porque aún con tanto bullicio tiene un sensibilidad especial.

Convertirnos en padres es un paso grande en el viaje del autoconocimiento y crecimiento personal y poder hacerlo de la mano de dos seres tan únicos y diferentes es sin duda algo especial. Sigo aprendiendo y trabajando desde mi espacio para acompañarme y acompañar a otros, sigo saboreando la maternidad con sus tonos dulces y amargos cada día y sigo aquí dispuesta a salir de mis zonas de confort para crecer y verlos crecer a ellos y convertirse en eso que estamos sembrando hoy, personas de bien, sensibles, conscientes de otro y dispuestas a vivir en armonía y comunidad.

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